Ser oenegero en tiempos de Ayotzinapa

Seis de la mañana y suena la alarma. Despiertas y es un día más. Otro miserable día más. Te miras al espejo y te preguntas una vez más: ¿cómo he llegado hasta aquí? despertarsmartphone1 Sales de tu cuarto y caminas por el pasillo. Miras en las paredes fotografías de mejores tiempos: tus vacaciones a Nueva York, tu primer automóvil de lujo, tu fiesta de graduación en Cancún… ¡Ah! Lo que darías por volver a estar ahí.

Pero sabes que ya no hay vuelta atrás: abandonaste una vida cómoda y productiva y te convertiste en un onenegero con sueños bobos para cambiar a México. Te bañas con agua helada porque renunciaste al gas (para ayudar al planeta), te enjabonas con Jabón Zote y recuerdas aquel momento años atrás cuando pensaste que todo iba a cambiar en México: “¡Por fin los mexicanos han despertado!”.

Mientras te secas con una toalla que huele a petate quemado, haces cuenta de las personas que contagiaste con tu “despertar”: convenciste a dos amigos y a un familiar para renunciar a su trabajo y juntos crearan una ONG que “realmente cambiaría a México”.

Una leve sonrisa se dibuja en tu cara cuando rememoras las discusiones sobre el nombre que debía tener la organización. “Debe ser algo distinto, un nombre que llame a la acción”. “Además debe dar la idea de un renacer ciudadano”.

La ONG terminó con un nombre ridículo, como todas las ONGs que surgieron en ese tiempo: “Despierta México Ahora” o “Revivamos la Flama de la VERDADERA Resistencia en México”, entre muchas otras. Ahora te parece un error haber llamado a tu organización “Despertares Ciudadanos para la Acción Social y Civil que Cambiará a México”. Pero te resignas: no tienes ni dinero para mandar hacer nuevas tarjetas de presentación. tarjeta_presentacióm Sales del baño y al ver unas flores muertas en el balcón, recuerdas cómo cortaste a tu prometida porque no quiso renunciar a su trabajo en SEGOB. “Tú mandas a los infiltrados anarkos para que la policía reprima las protestas ciudadanas en contra del maldito gobierno corrupto”, le gritaste. Pero ella solamente cotizaba papeles de baño. A pesar de eso, le dijiste que no querías volver a verla y te mudaste con unos porros de la UNAM.

Recientemente fisgoneaste el Facebook de tu ex-prometida y viste que se casó con ese godínez que le echaba el perro en la oficina. Ahora viven en Canadá y tienen uno de esos perritos chaparros de los que ustedes dos hablaban tanto. Mientras ella disfruta de su primer embarazo, tú te pones tu ropa apolillada para llegar presentable a la oficina de tu ONG que abriste con el dinero de la boda que no tuviste.

Escogiste trabajar cerca del Monumento a la Revolución–el corazón de las protestas ciudadanas. Pensaste que valdría la pena estar en el “ground zero” de la Nueva Revolución que no ha llegado. En tu oficina trabajan tus dos amigos y tu familiar, a veces por un sueldo mínimo y a veces simplemente por voluntariado “con tal de ser parte de la solución y no del problema”.

oficina

El centro de operaciones del despertar de los mexicanos

Ellos te ven con admiración por seguir trabajando incansablemente “para terminar con todos los problemas del país”; te consideran el ejemplo a seguir. Tú eres el héroe que salvará a México, te dicen. ¿Y cómo no lo serías? Lo has dejado todo por la causa. Literalmente todo.

Para reivindicar los derechos de los homosexuales en el DF, te casaste sin amor y sin ser gay, con un sujeto que conociste en la Zona Rosa, solamente para ser parte de la “revolución social de derechos”. Ahora, cuando andas romanticón no te queda de otra más que de disponer de lo que adquiriste y es tuyo por derecho. flojo

Gracias a tu despertar ciudadano, este es ahora tu objeto de deseo.

Para reivindicar los derechos de las comunidades marginadas, decidiste adoptar dos niñitas indígenas que ni hablan español ni quieren ir a la escuela porque no se adaptan a la ciudad. Todo el día están sentadas en el sofá con tu esposo viendo Televisa y comiendo galletas de animalitos (lo único que te alcanza para comprar con lo poco que consigues de donaciones esporádicas a tu ONG). Y todo esto para ser un ejemplo a seguir.

Y eso no es todo. Además te peleaste con tu amada abuelita por no querer a ir a la Iglesia. “Me niego a ir a un lugar donde las mujeres no tienen derecho a ocupar puestos de poder. ¡No a la discriminación de género!”, le dijiste. Ahora estás vetado de las Navidades y los cumpleaños familiares que tanto te gustaban. Hoy que tu abuelita está en su lecho de muerte no puedes ir a verla y disculparte… porque eres un ejemplo a seguir, fiel a la defensa de los derechos de las mujeres. abuelita-gato

“Te quiero, Ratoncillo. Tú no eres como ese nieto impío que se quemará en el infierno por la eternidad. ¡Cómo lo detesto!”

Al darle un beso de despedida a tu esposo y a tus hijas te preguntas una vez más: ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Para qué he hecho todo esto? Entonces recuerdas: ¡Ayotzinapa, por supuesto! Y corres al puesto de revistas a revisar los encabezados de los periódicos.

¿Ya encontraron a los 43? ¿Peña Nieto será juzgado? ¿Demolieron la Casa Blanca? ¿Ya inició la revolución? ¿Por fin ya despertó todo México? Pero no. Todo sigue igual y las notas de 8 columnas son tan irrelevantes como siempre han sido: asesinados

La prensa mexicana de investigación en su máxima expresión

Nada ha cambiado. Y temes que nunca cambiará.

Recuerdas entonces con vergüenza que en diciembre pasado convenciste a muchos de tus familiares y amigos para que te dieran su aguinaldo para ir a repartirlo entre los inditos de Chiapas. Hace unas semanas te enteraste que en lugar de utilizar el dinero para mandar a sus hijos a la escuela e invertir en su desarrollo, los inditos chapanecos juntaron todo el dinero que les repartiste y fueron a un Sanborns a comprar una pantalla de 80 pulgadas. Pusieron su gran televisión en el centro comunitario y ahora todos se reúnen a ver las telenovelas de Televisa. Bueno, al menos ayudaste a unir a la comunidad. Y los introdujiste a la Full HD. pantalla

Tu iniciativa fue tan exitosa que en poco tiempo el gobierno también comenzó a regalar pantallas de HD a diversas comunidades marginadas

También te arrepientes de haber pedido dinero en Fondeadora para iniciar un proyecto de comercio justo con unas mujeres indígenas de Tabasco. Cuando les propusiste el proyecto pensabas que su vida era un error y que tú podías salvarlas de su pobreza extrema. Pero nada cambió: juntaste el dinero, se lo entregaste a las mujeres tabasqueñas y el grupo de narcos de la región se los quitó. Y de hecho las cosas quedaron peor, porque los narcos te amenazaron de muerte si no enviabas mensualmente más dinero. Entonces apuntas en tu libretita que el día 15 de este mes debes de enviarles su dinero por Western Union.

Mientras caminas por la calle para tomar el metro, maldices el día que seguiste con Aristegui la noticia de los ayotzinapos. Ese fue el día que cambió tu vida. Pensaste que esa era la tragedia que iba a hacer que los mexicanos tomaran conciencia y empezaran a luchar por un país mejor.

Cuando se organizaron las marchas, renunciaste a tu lucrativo trabajo en una consultora internacional, cortaste con tu prometida, abriste tu oficina, te tatuaste “Todos somos Ayotzinapa” en el torso, y saliste a la calle buscando apoyo moral y material para tu ONG. ayotz

Tu primera vez fue inolvidable… tu tuit fue retuiteado más de 10 veces

Al principio pensaste que todo iba viento en popa. A las marchas iban chavos de clase media, fresitas de la Ibero, intelecuales y los clásicos de universidad pública. Cuando alguien incendió la puerta de Palacio Nacional pensaste: “ahora sí, esto se iba a poner bueno y por fin ha comenzado la construcción del Mexicano Nuevo”.

Pero en pocas semanas todo salió mal: se acallaron las protestas y la gente volvió a su vida normal.

Mientras te aplastas en el vagón del metro para dejar pasar a los vagoneros que ofrecen libros de crucigramas a $15 pesos, ves que a la gente ya no le importa en lo absoluto el despertar de México. Unas chicas se ríen al ver en su celular la foto del vestido blanco con dorado, o azul y negro. Un señor ve en su celular el trailer de Star Wars VII y sonríe al ver a Han Solo y a Chubaca. Una viejita le explica a su nieta por qué el cabello se vuelve blanco cuando uno envejece. Una señora lee con atención un volante que ofrece préstamos inmediatos a bajas tasas de interés y pagos mensuales irresistibles.

A ninguna persona le importa la justicia social, la revindicación de los derechos de los homosexuales o de las comunidades indígenas. Nadie habla de la equidad de género ni de la corrupción imperante en el sistema político mexicano. ¿Cuántas de estas personas ha escuchado hablar de tu ONG? ¿Cuántos saben de los desvelos que has pasado buscando información para los reportes semanales que produce tu organización? Y tu ex-prometida, ¿pensará en ti y en todos los sacrificios que has hecho para ayudar a mejorar el país? imagen_ayo

“¿Sabrá ella que yo diseñé muchas de las mantas que se han usado en las marchas por Ayotzinapa?”

¿Por qué toda esta gente es indiferente al trabajo que hace tu ONG? ¿¡Por qué no confían en el trabajo de las organizaciones!? No logras comprender cómo la gente confía más en la marina, el ejército (¡los asesinos de Ayorzinapa!), la PGR, los gobernadores, el propio Peña Nieto y decenas de otras instituciones… ¡y nadie confía en las ONGs! Según las encuestas de confianza, todo lo que has hecho no ha servido para nada (da clic en la imagen): confianza

Te bajas del metro, cruzas las calle, subes las escaleras (9 pisos, porque el elevador no ha funcionado en el edificio desde 1972) y entras a tu oficina. Encuentras a uno de tus amigos dormido en su escritorio porque se quedó toda la noche revisando las miles de páginas que envió la SEDENA como respuesta a una solicitud de información sobre manejo de los cuarteles militares desde 1900 hasta la fecha. Te sientas en tu escritorio y tu mente se nubla. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Para qué he hecho todo esto?

Piensas entonces en sacar la pistola que guardas en el tercer cajón de tu escritorio (que compraste ilegalmente después de la tercera vez que entraron a robar a tu oficina). Quieres terminar con tu “despertar ciudadano”.

Pero antes quieres escribir un e-mail a tus familiares y amigos disculpándote por todo lo que has hecho. Pero es imposible, todo está en periódicos, televisión y Aristegui te recuerda diariamente tu caída. Ahora el Grupo de Expertos Independientes se ha ido sin decir nada ni reclamar nada.

Escuchas con indiferencia y asquito los lugares comunes que desde hace meses han repetido las organizaciones y los marchistas: “los ciudadanos hemos despertado”, “ya no aceptamos más promesas vacías”, “estamos trabajando activamente por el cambio”, “los ciudadanos tenemos el poder de cambiar el rumbo”.

Reconoces a varias personas de la prensa y sabes que están en una situación similar a la tuya, y algunos están peor (por lo menos tú tienes una oficina con internet y puedes comprar galletas de animalitos). Al final del video escuchas los aplausos que las organizaciones se dan a sí mismas por haber hecho un video irrelevante donde “exigen” un cambio. Pero tú sabes que nada cambiará porque nada de lo que hacen esas ONGs–ni siquera la tuya–es de utilidad. Y finalmente te arrepientes de haber “despertado” con el caso de Ayotzinapa y haber abandonado tu cómoda y egoísta vida anterior. Tomas la pistola en tus manos y piensas… ¿cómo he llegado hasta aquí?

Acerca de Juan Trancos Garcia
Astrólogo egresado de la Universidad Astrológica de Salamanca. Escritor de noticas del corazón en periodicos locales. Calza grande y es derviche en sus ratos libres. Trabja en Quen Pompó cuando hay Tonayán fresco y películas de ficheras. Su libro favorito es "A calzón amarrado" de Irma Serrano y su película favorita es "CV for Charro Vendetta".

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