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Humor para gente que piensa

Razones para huir de la Ciudad de México (segunda parte)

En un artículo anterior hablamos sobre las cinco razones por las cuales el tráfico en la Ciudad de México es terrible. Por eso los capitalinos quieren huír de la ciudad. Pero hay algo todavía peor que las vías eternamente congestionadas del DF: el pi*che transporte público.

En esta entrega de las razones para huir de la Ciudad de México: el inmundo transporte público capitalino.

Nelly Salas

Si Dante Alighieri hubiera vivido en la Ciudad de México, el noveno círculo del infierno hubiera sido el metro Tacubaya.

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1. El transporte parece ser barato, pero es tan caro como un Uber de lujo

Cuando un extranjero le pregunta a un capitalino cuánto cuesta transportarse en el DF, el precio parece ser muy bajo: $5 pesos el metro, $5 pesos el metrobús, $4.50 el trolebús, $5 pesos el pesero y el micro, etc.

Los gringos exclaman fascinados: “¡Tú pagar menos de cincuenta centavos de dólar por tu transporte! En mi país yo pagar más de dos dólares por usar el metro.” impressed

“In Mexico public transportation is very cheap! Just like tacos!”

Pero lo que los extranjeros y los provincianitos no entienden es que para llegar a cualquier lado en el DF hay que cambiar de transporte al menos en tres ocasiones. Las posibilidades de combo son muchas:

  • Camión → Metro → Metrobus
  • Camión A → Camión B → Metro
  • Pesero → Camión → Taxi
  • Camión → Metro → Camión

Los defeños intentan diferentes rutas para llegar a sus destinos en menos tiempo y al menor costo. Sin embargo, todos sabemos que el transporte de la Ciudad de México está hecho para que la gente solamente pueda elegir una de tres características deseables: que sea rápido, que sea económico o que sea seguro. Es usual escuchar a los capitalinos teniendo comversaciones como:

  • “Antes tomaba una ruta directa, pero desde que me asaltaron prefiero tomar otra ruta que se tarda una hora más”
  • “Llego aquí en media hora, pero debo de cambiar tres veces de camión”
  • “Sólo tomo una ruta y no transbordo, pero hago dos horas y media”

Al final, el capitalino promedio pasa en el transporte público una hora cuarenta minutos, y paga $47 pesos diarios, o un equivalente al 73% del salario mínimo. Así que cuando un gringo diga que el transporte en el DF es baratísimo, hagan el favor de mentársela y aplicarle el 33.

Y no solo eso: sino que además es usual que el camión o el pesero se siga de largo y no deje al usuario en parada que debía, así que hay que tomar un camión/pesero de vuelta. ¿Por qué sucede esto? Porque a los choferes simplemente no se les pega la gana detenerse cuando un usuario se los pide. Esto no es algo raro en la Ciudad de México porque…

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“¿Eres usuario de transporte público? ¡Bienvenido! Siéntate (si alcanzas lugar o no está muy oloroso o mojado el asiento) y te llevaré por el camino que yo quiera, con las paradas que yo quiera y con la música que yo quiera con un volumen tan alto que no podrás ni dormir, ni pensar, ni decirme a dónde vas”

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2. Vendedores ambulantes y mendigos en todo el transporte público

El transporte público está infestado de personas que te piden dinero aludiendo a diferentes justificaciones, algunas más creíbles que otras:

  • “Me acaban de operar en el Seguro y no tengo para comprar la medicina” (mostrando una receta del Dr. Simi)
  • “Mis hijos están en la escuela y no tengo para comprarles uniformes nuevos” (mostrando una boleta de calificaciones)
  • “Me asaltaron y no tengo dinero para regresar a mi pueblo en Tabasco” (mostrando un sombrero de palma)
  • “Acabo de salir de la cárcel y ya no quiero robar ni matar a la gente” (mostrando sus tatuajes y su cabeza rapada)

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Los payasitos y comediantes utilizan la culpa para conseguir dinero de todos los usuarios del transporte público: “Si no me das dinero, al menos dame una sonrisita”

Además de los mendigos, el transporte capitalino es invadido por vendedores (llamados vagoneros en el metro) que ofrecen una amplísima gama de productos que incluyen:

  • Paletas y helados de dudosa procedencia
  • Chocolates Nicolo de a 3 x 10 pesos
  • Chicles y pastillas antigripales
  • Churros y pan de días pasados
  • Discos pirata con todos los éxitos de Yanny  y Mocedades
  • Crucigramas y libros de chistes
  • Plumas y lápices (solamente los venden los que dicen ser ciegos o sordos)

Si uno viaja en transporte público está condenado a terminar con el tímpano reventado por las bocinas de quienes venden discos “con los vededores mejores éxitos de Stereo 100” o con un producto inútil comprado por la inmundicia del transporte público capitalino: “se aprovechan de la sensación de estar en un túnel oscuro y con olor a popó que hace pensar a los usuarios: ‘la civilización se ha acabado y ya nunca podré conseguir este juego de plumones, juego de costura, chicles, etc., ¡debo comprarlo ahora!’”

vagoneros

Los capitalinos han aprendido todo lo que saben gracias a la enorme variedad editorial de los vagoneros.

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3. Las “correspondencias” del metro son lugares inmundos y atestados de gente

En las estaciones de metro donde se cruzan dos o más líneas de metro hay alrededor de 9 millones de capitalinos transbordando de una línea a otra en todo momento.

Los habitantes de la Ciudad de México saben que la letra “C” en las marquesinas del metro se refiere a “Capitalinos Cretinos Cabr*nes Cambiando Carros; Cruce Con Cuidado.”

correspondencia

Para lograr un transbordo exitoso los capitalinos deben entrenar durante años en peleas callejeras con navajas y armas de fuego.

Ningún capitalino puede llegar a su destino sin transbordar al menos dos veces durante su trayecto en el metro, de modo que todos, absolutamente todos los que utilizan el transporte público pasan por Pino Suárez, Salto del Agua, Hidalgo, Chabacano, Tacuba, Bellas Artes, Zapata, o el noveno círculo del infierno defeño: Tacubaya.

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4. Accidentes constantes en cualquier unidad del transporte público que se elija

El el DF existe la creencia que es más seguro utilizar un camión o el metro en lugar de la bicicleta, la patineta o los patines. Pero la verdad es que la probabilidad de tener un accidente es más o menos la misma. Según la Cámara de Diputados, al año mueren 16,500 personas en accidentes viales, muchas de estas muertes imputables al transporte público por la tendencia de los choferes a hacer cosas estúpidas como:

  • Carreritas entre microbuses o peseros
  • Manejar en estado de ebriedad
  • Subir y bajar pasaje en segunda y tercera fila en vías rápidas
  • Hacer base en cualquier esquina o semáforo que se les pegue la gana
  • Subir a más gente de la que tiene capacidad el camión, combi, pesero, metro
  • Bajarse súbita e inesperadamente a comprar algo al Oxxo de la esquina
  • No gastar ni un solo peso en el mantenimiento de la unidad de transporte público

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Una imagen común y corriente en la Ciudad de la Esperanza.

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5.  Tacubaya: el Michoacán de la Ciudad de México

La mayor parte de los capitalinos tienen que pasar por Tacubaya al menos una vez durante su trayecto diario, ya sea para transbordar a la línea café, la rosa o la naranja, o para tomar un camión que los lleve a Cuajimalpa o a Satélite, o para tomar el metrobus, o para realizar su trabajo como ladrón, limpiacaños o vendedor ambulante que tapa el paso de todos los peatones.

Tacubaya pretendía ser un ejemplo de “hub” mexicano igual que los magníficos hubs europeos o gringos, en donde se unen diversas formas de transporte público (metro, camiones, trenes, etc.). Pero este lugar inmundo dista mucho de ser uno de esos hubs prometidos:

Expectativa:

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Realidad:

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Tacubaya es el ejemplo perfecto de lo inadecuado que es el transporte público en la Ciudad de México: es sucio, inmundo, desorganizado, caótico, en ruinas, sin ninguna intervención del Estado, y siempre dañando a todos quienes se atreven a pisarlo. Es decir, Tacubaya es el Michoacán defeño. Al conocer Tacubaya uno puede sentir un deseo interno de huir inmediatamente del DF.

 

Lee también la primera entrega de las razones para huir de la Ciudad de México: la inmovilidad vial de la Ciudad.  

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