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Humor para gente que piensa

Las tres razones para no leer “Las batallas en el desierto”

Tras la muerte del poeta mexicano José Emilio Pacheco en enero de 2014, todos, absolutamente todos los mexicanos dijeron que México había perdido a un gran escritor.

Pero la realidad es que la mayor parte de los mexicanos jamás han leído nada de J.E. Pachecho y probablemente nunca lo hagan (todos estamos muy ocupados viendo una y otra vez los magníficos capítulos de La Rosa de Guadalupe).

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“Virgencita, concédeme que todo México vea tu programa para que se evangelice y crea en ti”.

El libro más conocido de J.E. Pacheco es Las batallas en el desierto, y un montón de mexicanos dijeron: “Voy a poner este libro en mi lista de propósitos del 2014 para celebrar a Pacheco–y al mismo tiempo parecer intelectual y culto.

Sabemos que los mexicanos se tardan meses en llevar a cabo las cosas que apuntaron en su lista de propósitos de año nuevo, y avanzan poco a poco en ella conforme abandonan la idea de realizar cada uno de sus propósitos.

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“He venido al gimnasio por dos semanas; no veo resultados y ya me dio huevita. Voy a tachar este propósito y empezaré con el siguiente de la lista”.

Cuando lleguen al propósito de leer Las batallas en el desierto (por ahí de abril o mayo), algunos mexicanos quizá compren el libro y otros lo leerán de forma ilegal pero gratuita en sitios de Internet como éste.

Pero, ¿por qué es mala idea leer este libro? A continuación presentamos las tres razones por las cuales los mexicanos deben tachar de su lista leer el libro y quizá mejor ver la película de 1987 (que no vale la pena) o escuchar la canción de Café Tacuba basada en el libro y que prácticamente desarrolla todo el argumento de este enclenque libro.


“Gracias Youtube por dejarme ver gratis la película y no tener que rentarla en Blockbuster o contratar Netflix. Ahora gastaré ese dinero en vicios insanos que me quitarán años de vida”

(Hay un pequeño resumen del libro en Wikipedia con todos los elementos básicos que necesitas saber para entender los tres puntos.)

1. Páginas y páginas de una descripción detallada que no llega a ningún lado.

El libro comienza mal:

“Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?…”

Después de una confesión de que el personaje principal (Carlos) no se acuerda de cuándo pasó eso que quería contar, J. E. Pacheco nos obliga a chutarnos páginas y páginas describiendo el México de la posguerra a ver si en algún momento se acuerda del $&%”*~# año en que Carlitos conoció a–y se obsesionó con–Mariana, MILF y madre de su compañero de clase, Jim.

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MILF: descripción gráfica

Conforme el narrador va describiendo su México de los 40s–con todas esas minuciosidades que sólo les interesan a quienes lo vivieron y a los futuros historiadores del siglo XXV–, nos damos cuenta de cosas curiosas, como la decadencia que se vivía entonces en la colonia Roma, y que hoy es mucho peor:

“Odiaba la colonia Roma porque empezaban a desertarla las buenas familias y en aquellos años la habitaban árabes y judíos y gente del sur.”

Pero los detalles–como ese y otros miles–no enriquecen la narrativa. Algunos dirán “Lo que busca el autor con esta amplia descripción es dar un contexto a la historia y centrar a los personajes en su realidad”. Ajá, y entonces, ¿cómo enriquece a la historia saber las marcas de automóviles que circulaban en las calles de México?

“Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto.”

¿Acaso los lectores deben de ir a archivos con documentos de la época e investigar si efectivamente esos eran los automóviles que se vendían en ese momento? Y si descubrimos que el Packard 180 no se vendió en México sino hasta 1952 y que incorrectamente es mencionado por J. E. Pacheco, ¿cambiará entonces nuestra compresión del contexto de Carlitos? ¿Afectará eso nuestra impresión de su relación con Mariana MILF? Lo dudamos. De igual manera, eliminar la mayor parte de los innecesarios detalles  mencionados en el libro no cambiarían la historia y, de hecho, la harían más agradable al lector.

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“…pochismos en las películas de Tin Tan y luego insensiblemente se mexicanizaban: tenquíu, oquéi, uasamara, sherap, sorry, uan móment pliis. Empezábamos a comer hamburguesas, pays, donas, jotdogs, malteadas, áiscrim, margarina…”

2. La historia no va a ningún lado. En serio.

Las batallas en el desierto está dividida en tres partes: la descripción detallada del contexto (4 capitulos), la–inexistente–relación de Carlitos con Mariana MILF (3 capítulos) y la vida después de Mariana MILF (5 capítulos).

Después de leer los cuatro infinitos y aburridos capítulos sobre el México clasemediero de los 40s, uno quiere dejar de leer. Pero de pronto sucede algo totalmente inesperado: inicia la historia por la cual estamos leyendo el libro. Después de la escuela, Carlitos va a la casa de Jim y ve a la mamá de su amigo:

“Nunca pensé que la madre de Jim fuera tan joven, tan elegante y sobre todo tan hermosa. No supe qué decirle. No puedo describir lo que sentí cuando ella me dio la mano. Me hubiera gustado quedarme allí mirándola.”

La narrativa se vuelve interesante porque suceden cosas en lugar de describir el contexto en que están sucediendo. Párrafo con párrafo vemos cómo crece la obsesión de Carlitos con Mariana MILF y su conflicto interior sabiendo que no hay mucho qué hacer al respecto:

“Lo único que puede es enamorarse en secreto, en silencio, como yo de Mariana. Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza.”

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“No me quiere, no me quiere, no me quiere, no me quiere, no me quiere…”

Ante este negro panorama, ¿qué es lo que sucederá?, uno se pregunta. Y la respuesta llega de forma súbita: Carlitos miente para salir de la escuela e ir a casa de Mariana MILF para declararle su amor. En unos minutos se lo declara, es rechazado de forma maternal y comprensiva, y Carlos se va para su casa. Después de leer el clímax de la historia uno queda emocionado: “Ya me piqué con este libro; seguramente lo que viene ahora está todavía mejor”.

Pero, estimado lector, no es cierto; lo mejor ya pasó y no volverá. J. E. Pacheco de pronto convierte su libro en una versión suavizada de El proceso de Franz Kafka. La forma en que se describe el encierro de Carlitos (“No volví a la escuela ni me dejaron salir a ningún lado”) se parece bastante a la primera línea de El proceso:

“Alguien tenía que haber calumniado a Josef K, pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo.”

Tanto Carlitos como Josef K son víctimas de un mundo que no controlan ni entienden del todo: ¿Cuál fue el crimen que cometí para estar en esta situación? ¿Por qué me preguntan una y otra vez lo mismo sin aceptar mi respuesta? ¿Por qué insisten en que me incrimine en algo que yo no hice? ¿Quienes son todas estas personas que me hablan, me estudian, me dicen que confiese?

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El proceso: “[Josef K] se enojó porque nadie le había indicado con precisión la situación de la sala del juzgado. Le habían tratado con una extraña desidia o indiferencia…”

Batallas en el desierto: “La muchacha que me hizo las últimas pruebas conversó delante de mí con el otro. Hablaron como si yo fuera un mueble.”

A diferencia de la obra de Kafka, en Batallas en el desierto el proceso sólo ocupa dos capítulos y de nuevo el libro se vuelve descripción y descripción sin que suceda nada.  En los capítulos que siguen leemos la historia de la familia de Carlitos, las aventuras y desventuras de su hermano, y además aprendemos un poco de inglés:

“Muy de mañana, después del ejercicio y antes del desayuno, repasaba sus verbos irregulares -be, was/were, been; have, had, had; get, got, gotten; break, broke, broken; for-get, forgot, forgotten- y sus pronunciaciones -apple, world, country, people, business…”

“¡Aprender frases esenciales en inglés nunca había sido tan fácil y divertido!”

Después de páginas y páginas de más descripción y contexto infinito, de pronto nos acordamos que el libro sí tiene una historia. De la nada reaparece Rosales, un personaje que habíamos conocido en alguna parte anterior del libro, pero que no era importante y parecía ser un nombre aleatorio mencionado por ahí. Resulta que Rosales era un compañero de Carlitos en su antigua escuela.

Es en este punto en donde nos damos cuenta que la historia de Carlitos es ya tan irrelevante que J. E. Pacheco debe recurrir a un personaje secundario para rescatar al libro. Y en cierta medida lo logra cuando Rosales suelta la sopa:

“Es que mira, Carlitos, no sé cómo decirte: la mamá de Jim murió. … Parece que hubo un pleito o algo con el Señor ése del que Jim decía que era su padre y no era. Estaban él y la señora -se llamaba Mariana ¿no es cierto?- en un cabaret, en un restorán o en una fiesta muy elegante en Las Lomas. Discutieron por algo que ella dijo de los robos en el gobierno, de cómo se derrochaba el dinero arrebatado a los pobres. Al Señor no le gustó que le alzara la voz allí delante de sus amigos poderosísimos … y la abofeteó delante de todo el mundo y le gritó que ella no tenía derecho a hablar de honradez porque era una puta.

“Mariana se levantó y se fue a su casa en un libre y se tomó un frasco de Nembutal o se abrió las venas con una hoja de rasurar o se pegó un tiro o hizo todo esto junto, no sé bien cómo estuvo. El caso es que al despertar Jim la encontró muerta, bañada en sangre.”

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“Mamita se baña en sangre”

Después de leer esto uno hasta perdona al autor por todo el tiempo perdido en las descripciones interminables e irrelevantes. Pero no por mucho tiempo. El libro ahora se convierte en un episodio de La dimensión desconocida en el cual Carlitos nunca vivió nada de lo que él creía haber vivido:

“Corrí por la calle de Tabasco diciéndome, tratando de decirme: Es una chingadera de Rosales, una broma imbécil, siempre ha sido un cabrón. … Llegué al edificio, me sequé las lágrimas con un clínex, subí las escaleras, toqué el timbre del departamento cuatro. Salió una muchacha de unos quince años. ¿Mariana? No, aquí no vive ninguna señora Mariana. Esta es la casa de la familia Morales. Nos cambiamos hace dos meses. No sé quién habrá vivido antes aquí. Mejor pregúntale al portero.

“También el portero estaba recién llegado al edificio. Ya no era don Sindulfo, el de antes … No, niño: no conozco a ningún don Sindulfo ni tampoco a ese Jim que me dices. No hay ninguna señora Mariana. Ya no molestes, niño; no insistas.

“Pues no. Estoy en este edificio desde 1939 y, que yo sepa, nunca ha vivido aquí ninguna señora Mariana. ¿Jim? Tampoco lo conocemos. En el ocho hay un niño más o menos de tu edad pero se llama Everardo. ¿En el departamento cuatro? No, allí vivía un matrimonio de ancianitos sin hijos. Pero si vine un millón de veces a casa de Jim y de la señora Mariana. Cosas que te imaginas, niño.”

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“Abramos esta puerta con la llave de la imaginación. Tras ella encontraremos otra dimensión, una dimensión de sonido, una dimensión de visión, la dimensión de la mente. Estamos entrando en un mundo distinto de sueños e ideas. Estamos entrando a Las batallas en el desierto.”

¿Ahora resulta que toda la historia fue un invento de Carlos? ¿Nada existió realmente? ¿Estuvo todo el tiempo en un manicomio imaginándose todas esas descripciones infinitas y súper detalladas? ¿¡Pero qué  $&%”*~# son estas!? Quizá todo fue el resultado de lo que su papá confiesa en un momento de la historia:

“En su cerebro hay algo que no funciona. Debe de ser el golpe que se dio a los seis meses cuando se nos cayó en la plaza Ajusco.”

 

3. El endeble final pierde todo el chiste cuando te das cuenta que Carlitos…

Ahora hablemos del final del libro. Las últimas líneas están planeadas para conmover al lector y convencerlo–sin éxito–de que todo el tiempo que invirtió leyendo el libro sí valió la pena:

“Qué antigua, qué remota, qué imposible esta historia. Pero existió Mariana, existió Jim, existió cuanto me he repetido después de tanto tiempo de rehusarme a enfrentarlo. Nunca sabré si el suicidio fue cierto. Jamás volví a ver a Rosales ni a nadie de aquella época. Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años.”

Este poético final alude a ese sentimiento de recordar a la infancia como entre sueños e intentando comprender qué cosas que vivimos fueron reales y cuáles no no lo fueron. Cuando uno es un niño, ¿acaso no se hace una mescolanza de la imaginación con la realidad, y de los sentimientos con el mundo material? Todo lo que recordamos de aquellos años pasados es una imagen desenfocada y siempre interpretada a través de un filtro infantil imposible de remover.

J. E. Pacheco quiere que nos conmovamos y nos identifiquemos con Carlitos al pensar “Yo también recuerdo así mi infancia; también mi pasado se acabó súbitamente y fue demolido (de forma figurada). Lo único que me queda es una memoria ofuscada de mi niñez y de mis amores que fueron o que quizá nunca fueron, snif, snif”.

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“Los juegos de canicas eran mi fascinación… y gracias a ellos ahora sufro de reumas y dolores insoportables de espalda”.

Pero todo esto es una pérdida de tiempo. Es cierto que el final parece “poético” y probablemente la mejor manera de rescatar a una historia que no llegaba a ningún lado. Pero lo que realmente pasó es algo tontísimo: Carlitos simplemente se equivocó de departamento. Esto no es sorpresa para nadie porque Carlos tenía una “inteligencia muy por debajo de lo normal”, según dice el libro.

Toda la parte final del libro está basada en la premisa que Carlos sabía perfectamente cómo llegar al departamento de Mariana MILF. Esto significa que después de escuchar del niño Rosales que Mariana se suicidó, Carlos corrió “por la calle Tabasco” hasta llegar al edificio correcto y al departamento correcto para descubrir que ni Mariana MILF ni Jim habían vivido nunca ahí. Pero hay varias cosas que nos hacen pensar que no llegó al departamento correcto:

  • Hacía mucho tiempo que Carlitos no iba al departamento. Quizá lo habían pintado o cambiaron los comercios de alrededor.
  • La mayor referencia que tenía Carlitos para llegar era que estaba “cerca de la escuela”, pero hacía mucho que él ya no iba a la misma escuela.
  • Todo el que conozca la colonia Roma y haya caminado sobre Tabasco sabe que en esa zona todas las casas se ven igual–desde que se creó la colonia todas las casas deben por ley tener el mismo estilo.
  • Es sabido que en momentos de apuro y estrés, uno suele no pensar mucho las cosas y cometer errores fácilmente.
  • Además, Carlitos no tenía ni un mapa ni un GPS para guiarlo a la dirección correcta.

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Los mapas son inútiles en la Ciudad de México. Sólo puedes llegar a una dirección pidiéndole indicaciones a un taxista.

Entonces, la explicación es que Carlitos se equivocó de calle, de edificio y de departamento. Tan simple como eso.

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La colonia Roma: la única referencia que tienen los chilangos de la existencia de otros estados en la República Mexicana.

Una vez que se aclara este punto, es fácil escribir el final que sí le corresponde a Las batallas en el desierto:

“Llegué al edificio, me sequé las lágrimas con un clínex, subí las escaleras, toqué el timbre del departamento cuatro. Salió una muchacha de unos quince años. ¿Mariana? No, aquí no vive ninguna señora Mariana. Vi que el estilo del edificio no era como el que yo recordaba. Bajé las escaleras y salí. Miré entonces el nombre de la calle: Córdoba. Sin perder tiempo fui hacia la calle correcta y llegué a Mérida número 24, interior 4, el departamento correcto de Jim y Mariana. Me abrió una tía de Jim y después de unos minutos me dijo que Mariana se había suicidado y que Jim ahora vivía en San Francisco. Nunca lo volví a ver.

“Tampoco volví a ver a Rosales ni a nadie de aquella época. Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Pero por lo menos sé que Mariana lleva bastantes años muerta porque se suicidó. Qué bueno que tuve el cuidado de ir al departamento correcto. Si no, me hubiera quedado con la duda toda la vida y eso hubiera sido muy feo.”

 

En conclusión…

Si un mexicano–que sólo lee medio libro al año–decide que en el 2014 leerá Las batallas en el desierto, corre el riesgo de nunca leer otro libro en toda su vida. Al terminar la tan celebrada obra de J. E. Pacheco, seguramente pensará:

“Si este libro enclenque es considerado ‘una joya de la literatura contemporánea’, no quiero imaginarme cómo estarán los otros. ¿Qué me esperaría si leo un libro más gordo o con letra más pequeña? ¡Una pérdida de tiempo aún mayor, sin duda! Mejor tacharé todos los libros que puse en mi lista de propósitos y me desharé de todos los libros que me han regalado a lo largo de los años y que, pensé, algún día leería. Juro que nunca más perderé mi valioso tiempo leyendo libros.”

No permitamos que México caiga en la barbarie literaria por culpa de Las batallas en el desierto. Comparte este artículo con tus conocidos antes de que decidan leer el libro.

Comentarios

Eduado Zamudio dice:

Solo una duda. La chica que sale en la primera imagen de este post haciendo alusión a “La rosa de Guadalupe”, ¿Es la que protagoniza la CQ?

Eduado Zamudio dice:

Personalmente, jamás en mi vida había leído este libro. Lo único que he leído de José Emilio Pacheco es “Los principios del placer” y tampoco es una ‘joyita literaria’ como me la vendieron. :/

La tremenda Recamier dice:

Pues posiblemente no sea una joya literaria, sin embargo para pendejear en clases está “dominguera”…

Eduardo Centeno dice:

Qué artículo más tarado. Cuando llegué a la foto de Lucerito recordé que la vida es muy corta como para leer idioteces.

El taquero dice:

Y tú hueles a popó. Tonto, tonto.

santiago dice:

Cuando cursaba la preparatoria recuerdo que la profesora abordo un tema interesante relacionado con este libro, aquellos adolescentes que lean este libro serán ciudadanos ejemplares, podrán comprender el amor. Por otra parte hubo algunos que se hicieron adictos al porno milf.

Ivonne Gil dice:

Personalmente la crítica anterior se me hace una escritura pobre y muy amarillista, con un análisis decadente y una narrativa digna del escritor de la reseña. Esta escritura hace igualmente referencias a modismos populares y fráncamente sexistas como “MILF” y muestran la mente cerrada y machista del escritor.
La novela de José Emilio Pacheco (sin necesidad de utilizar siglas) es un reflejo del México vivido durante el gobierno de Miguel Alemán y cómo se veía reflejada la influencia de Estados Unidos desde en productos para lavar, como el detergente, hasta juguetes para niños y revistas de cómics. Una novela que debería ser apreciada no solo por cada uno de los mexicanos, si no mundialmente.
Cada quién tiene derecho a su propia opinión, y no me confiaría en esta reseña para decidir si leer o no el libro de tan gran escritor mexicano.
El libro está ahí, descubra por usted mismo su opinión, no todo lo que se encuentra en el internet escrito en una página de un “sabelotodo literata” es lo correcto.

fonpp dice:

Es claro que usted no entendió absolutamente nada de lo que escribí en este artículo, pero acertó en ello de mi mente cerrada y machista (sólo faltó que incluyera que también es homofóbica, lo cual también es cierto).
Quisiera concluir este comentario diciendo que gente como usted que defiende que “cada quien tiene derecho a su propia opinión”, es la gente que ha hundido a este mundo en la desgracia perpetua. Como hemos escrito en este blog con anterioridad, los “derechos” no son cosas inamovibles/divinas/superiores ni nada. Por eso pueden retirarse a cualquiera que los utilice mal. Como aquellos que deciden leer Las batallas en el desierto. Todas esas personas deben ser desterradas.

Concho dice:

Jajajaja. Y qué relevancia tiene la influencia de Estados Unidos??? A caso se empezó a lavar con las manos volteadas o leer los comics al revés??? Entonces la novela desarrollaría esos temas. Pero no. Debo aclarar que no he leído el libro y que mucho menos lo haya hecho de otros de JEP, jaja. Pero, se me hizo digerible el análisis que hace esta página, a tal punto que uno sabe de qué va la novela y no se pierde, como tú lo hiciste, en pormenores. Es más, no puedo decir que hayas hecho una crítica a la crítica “pobre” de quien la hizo a la novela porque es más pobre tu lenguaje y tu intención. Ni siquiera hallé problema en que quien haya hecho la crítica a la novela sea homofóbico, machista o cerrada porque no afecta en absoluto la idea general de la novela; uno tendría que saber diferenciar entre las ideas del crítico y del autor de la novela para no engancharse con sus propuestas. Se identifica con mayor facilidad MILF que “una mujer que es madre/o que tiene hijos y que está camable (o úsese el término que mejor le convenga moralmente)” porque se tienen que ir definiendo constantemente las cosas en la vida ya que tarde o temprano se terminará hablando de ello. Por ejemplo, ayer venía platicando con un amigo acerca de lo que es ser bastardo y que actualmente está en desuso la palabra (a lo mejor en las rancherías o pueblos remotos todavía se emplee.). Seguía en curso nuestra conversación hasta llegar al punto en que no había un calificativo al padre o madre del bastardo O si lo hay, lo desconocemos precisamente por desuso. Bueno, podría desarrollar toda una crítica en torno a lo que me pasó ayer sin embargo me alejaría de mi primera intención. Saludos.

Epicántico dice:

La Reina de la MILF’s es Kate del Castillo, no Lucero.

Nick dice:

Te equivocas , es Maribel Guardia.

Nick dice:

Tu blog , tus reglas. Es claro que todo lo escrito en la internet es una opinión. Pero vamos el libro no es tan malo después de todo ¿o si? Lo que si tengo que admitir es que éste libro debería estar en la literatura erótica jaja

Leonasno dice:

Con todo lo que aquí citas textualmente ya me hiciste leer casi todo el pinche libro…

Lecco dice:

Encontré tu artículo, pero antes de leerlo decidí leer el libro. De acuerdo en que no es una joya de la literatura mexicana, pero leerlo no es un desperdicio de tiempo, te das cuenta que el tiempo no cura nada, y más como chilango.
Reflexionas cosas interesantes, en los 40s el símbolo sombrío era el hongo atómico, y el de nuestra época, cuál será?

Me gusto el final del libro, más no el final de la historía entre Carlos y Mariana (no por triste, creo que el suicidio se pudo justificar de mejor forma, tal vez solo soy morboso), me sonó como un creppypasta tu análisis del desenlace. Por qué Carlitos subió al piso equivocado? en capítulos anteriores menciona que viven en el tercero piso, no en el cuarto!!!

En fin, LEAN EL LIBRO. Gastarán 2 hrs de su tiempo, si nunca se han confesado sabrán como inquieren los sacerdotes y como diagnostican TODOS los psiquiatras y psicólogos. Siempre se prende algo nuevo.

araseli dice:

y con este articulo ya te ganaste el premio pulitzer jajajajajaja

Demasiado soso tu articulo

Jorge dice:

Esta excelente este artículo!
Me parece una buema crítica que mezcla de una manera fascinante el humor con el juicio que expides y deja clarisima la historia del libro! Una basura parecida a las de Carlos Cuauhtémoc Sanchez. Felicidades por tu artículo!

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