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Quen Pompó

Humor para gente que piensa

Cosas que le gustan a los nacos: saberse más rudos que los demás

Los escritores de Quén Pompó han pasado por los tres estamentos de la sociedad: son geeks, nacos y fresas sin que te des cuenta. El tipo al que hoy miras con su camisa del América, probablemente la está renegando mañana mientras juega online y va pedaleando por la Condesa. O por el contrario, tu amigo en los cursos budistas le da duro al reguetón por las noches con chelas a dos manos. En nuestras vidas de nacos hemos practicado y rivalizado con estas estrategias, y ahora te las presentamos para que no te dejes engañar.

¡Es nuesto Obama!

Suponer que por feos son rudos. Creerse más machos de sus contrapartes geek o fresas es un requisito indispensable para la supervivencia del naco. El naco es físicamente poco agraciado, pero es posible transformar la fealdad en virtud. Con mostacho de brocha, mirada hirsuta y lenguaje rudo se la dan de muy machines. Pero llorarán con cualquiera de la Arrolladora.

Muy machito con tus 1.50 metros

Contar sus historias de cabaret. Los nacos se dan a una vida de juerga sin control. En el fondo es porque son seres solitarios e inseguros, pero con muchas ganas de amar. Esto los llevará a cometer errores  y gastos faraónicos en lupanares de los que te contaran maravillas y cómo mantienen un harém a cuya odalisca primera llaman Aventurera. En Quén Pompó nos damos a una vida de vicio y decadencia similar, pero el recato nos impide pregonarla a toda voz.

No, pues nuestras novias

Usar la camisa abierta y engominarse en extremo. Podríamos caer en el error de qpensar que los nacos no se arreglan. Al contrario pasan incontables horas frente al espejo gastando la mitad de sus ingresos en gel y camisas con dibujos. El objetivo es transformar el pelo desarreglado de la mañana en un yelmo impenetrable. Con tan inalterable peinado, ¿cómo no ser el latin lover? Ni que las chavas anden soñando con un fresa de pelo desarreglado.

Asi es como se ven en el espejo

Comer cosas más picosas frente a sus rivales. La anécdota va como sigue: un invitado de otro país latinoamericano, creyéndose más letrado en el arte de la comida que un mexicano pide lo más picoso de la carta. Sus compañeros le previenen de que por mucha samba que sepa no lo logrará. El hombre profiere una afrenta: “Mexicanos, creen que no hay chile en mi país” antes de hacer el mayor ridículo de la historia y llorar como bebé.  Tales son las proporciones de esta escalada en la guerra del picante.

Ya quiero ver como estas princesas corren por agua

Comentarios

Deecks dice:

“Asi es como se ven en el espejo”

Chaaaaaaleeeeee!. SAAALE ROSTRO! XD

Redondetta dice:

Que pasó mi buen, que transita por tus venas, si tu eres bien nacote namas que te me freseas bien gachooo.

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