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Quen Pompó

Humor para gente que piensa

Forever Alone: 1- Conoceré a una chica

El autor de forever alone nos ha entregado el recuento de sus hazañas estos días. Nos dijo que había considerado empezar este año con una relación. Él esperaba que en verdad el mundo acabase en 2012, pero viendo que la historia continuaba era inevitable tomar una acción.

He decidido que una relación entre seres humanos es posible. No siento un deseo profundo de encontrar el amor; sin embargo, lo siento como un deber, como lavarse los dientes. Debo encontrar a una chica con quién pasar un rato. Puede que la compañía continuada de los seres humanos tenga sentido si aún la practicamos.

Y he hecho un plan.

Decidí que me gusta una mujer. No sé que he visto en ella. Lo que puedo decir es lo que no he visto en ella. La selección parte del conjunto de mujeres al que puedo acceder, de este conjunto retiro  aquellas con una suma de defectos que no me complace visualmente, porque es la característica única que conozco sobre ellas en este momento de la historia. Del conjunto restante hace falta retirar aquellas que considero inalcanzables: estas mujeres que no me disgustan, pero requieren un esfuerzo y dinero mayor al que estoy dispuesto acceder. No pienso realizar un gran esfuerzo, puede que no valore el resultado al final del día.

La razón de esta selección es simple. Un proceso químico media en la atracción humana. Pero este es independiente de la disposición personal a esforzarse por una relación. Gastar dinero, tiempo, y sentimientos por una probabilidad de fracaso me parece absurdo frente a los sustitutos de la atracción humana. He escogido a una mujer y se llama María.

Trabaja pisos arriba y solo la conozco por el elevador o  en los restaurantes y puestos de tortas alrededor del edifico. No he hablado con ella, pero me han dicho su nombre. No es bella, pero no es despreciable. Es más rolliza que esbelta y no es muy alta. Una mujer común; gris, si se le ha de preguntar a mis compañeros de trabajo. Sólo la conozco por un atuendo, saco y falda negra, camisa blanca y peinado en cola de caballo. Jamás nada diferente.

Pero, y aquí está la cuestión, ¿cómo he de hablar con ella? No hay nada en común, tampoco siento que deba ir  y presentarme con vergüenza, pues sé que fracasaría o me verían como un anormal. Ambos seríamos dignos de burla y mi selección sería vana. Tampoco he de esforzarme como un héroe, pues no pretendo adorarla. Hombres con aspiraciones medianas esperan respuestas medianas, no menos y no más y eso es lo que pretendo.

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