A que nunca habías visto tanta tontería junta

Un idiota verdadero es aquel que no solo comete estupideces, todos lo hacemos, sino aquel que las comete y es capaz de superarlas. En internet sabemos mucho de eso. Somos un cúmulo de personas no más lista que el más tonto de sus integrantes, en una eterna búsqueda de diversión, porno y atención. No obstante, cada dos o tres años, existen personas en la red que son capaces de llevar la estupidez a nivel artístico. A pasar al panteón de la pendejez absoluta, a ser recordados eternamente por algo que ni un simio lobotomizado podría crear. ¿A qué me refiero? Por favor, acompáñenme en este camino de tontería ascendente en el que toda esperanza que teníamos por la humanidad desaparecerá.

Parte I. La conexión soviética

Conocido como I am very glad, because I’m finally back home o simplemente Trololo, se ha convertido en un enorme hit viral en las últimas semanas. El video corresponde a una presentación vocal del cantante soviético, Edward Anatolevich Hill. Él ganó el premio al “Artista del pueblo de la Unión Soviética” en 1974 y fue “Artista honorario de la Unión Soviética” en 1968. Este video es considerado por muchos como un Rick Roll comunista. (Si no sabes nada de esto, sugerimos visitar la siguiente página.) Además, es sumamente extraño, porque si te fijas, la voz en nada coincide con el movimiento de la boca. El momento más surreal es en el coro, en el que Edward canta y canta a pesar de que está sonriendo directamente al espectador.

Parte II. Un perro que habla.

El “beatbox dog” es otro video que se volvió famoso por lo ridículo que es. Consiste en un perro “hablando” conforme lo indica la mano de su dueño. Al principio saca de onda, pero en la cuarta repetición es hilarante.

Parte III. Sin palabras.

Vivimos en una cultura triste que sólo merece ser destruida.

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Acerca de Zeferino Gómez

Es escritor de tiempo completo en QuenPompó.com a cambio de un poco de pan y agua. Tiene estudios de primaria (trunca) y un diplomado en caligrafía gótica. Dedica la mayor parte de su tiempo a sacarse las uñas enterradas y ponderar sobre la conveniencia del monorriel.