El amor duele, como hemos afirmado continuamente en Quen Pompó. Y como 95% de nuestros lectores son geeks y nerds, podrán confirmarlo (el otro 5% pertenece a la población indigente). El dolor tiene una causa y es que no somos bateados solamente por ser feos, aburridos, poco masculinos y mirar con lascivia a las damas, sino también por la existencia de un tercer implicado. Ese alguien que es preferido sobre nosotros es un ser bajo y mísero es a quien describiremos en las cinco formas en que se presenta en nuestras aún más miserables vidas:
1. El “ese monito”
Su apodo es Irrelevante. Este ser es pequeño, despreciable y es la base de la cadena alimenticia (comparable al plancton). No es guapo, rico, inteligente, o siquiera culto. Generalmente se dedican a alguna mamada artística como poesía, composición musical o diseño gráfico; usan boina y bigotito; podrían ser vegetarianos o ecologistas y seguramente no pagan impuestos. El hecho de que ella prefiera a un monito así no sólo te hace entrar en razón, sino que pone en duda tu decisión inicial de quererla.
¿Cómo terminará el horror?: Una buena carcajada tuya y a otra cosa mariposa.
2. El esclavo
Hará todo por ella. Todo. Traerla, llevarla, limpiarle la boca si se mancha, lavarle la ropa… Inmediatamente pondrá en su Facebook una foto de ellos juntos, mientras ella tardará un año en hacerlo. Ella valorará su indepencia sobre todo, mientras que él su dependencia, ya que necesita a alguien sabio que sepa lo que es mejor para él. Él se la ganará porque le dará lo que ningún hombre: sumisión completa.
¿Cómo terminará el horror?: Ella lo cambiará con la facilidad que te cambió a ti. Ni él ni tú la olvidarán.
“Sí amorcito, no amorcito.”
3. El mamer
Oh, enclenque lector, éste es el individuo que de pequeño te quitaba el sandwich y te hacía calzón chino. Ahora sólo te quita a tu amor y la hace disfrutar todo lo que tú no. Su musculatura y estilo son sólo comparables a su inteligencia nivel codorniz.
¿Cómo terminará el horror?: Irás al gimnasio tres semanas, luego te rendirás y ganarás 7 kilos. Tu vida amorosa será peor.
No te humilles imaginando la maquinaria…
4. El rico
Su panza se muestra alegremente debajo de su polo Ralph Lauren. Probablemente su dinero proviene del tráfico de niños o armamento. Es un naco y un grosero, pero le dará a tu chica la única cosa que jamás podrías haberle dado ni con M Force, un doctorado, o medio año de gimnasio: un Mercedes. Mientras se te desconchinfla a medio Viaducto tu vocho ’84, ellos vuelan a pasar el fin en Costa Rica mientras beben champaña y brindan por un futuro lejos de los pobres que dan asquito, como tú.
¿Cómo terminará el horror?: Buscarás el amor entre la gente pobre y fea, mientras suena de fondo el reguetón Amor de Pobre de Zion.
Ella se arrastrará de las formas más humillantes por tener vista al mar en Miami…
5. El único que vale la pena
Si fueras gay, ya estarías detrás de este cuate… de hecho, él te hace sentir un poquito gay. Sólo te guardas tu corajito y dices “es mejor que yo en todos los aspectos”, mientras observas cómo se come a besos a la chica justo en esa fiesta en la que le ibas a declarar tu amor. Te alegras secretamente por el honor que está teniendo tu amada.
¿Cómo terminará el horror?: Te rendirás como un caballero cediendo el paso al señor feudal.
“¡No puedo soportar el brillo que emites!”
[Nota: El autor sufrió terriblemente el quinto caso durante seis años, excepto por la parte de los sentimientos gay y porque se niega a aceptar que era superior ese wey.]
Ok, complejos, here we go…
seguro a ti te pasó, como nos ha pasado a todos
Buenísimo y muy cierto. Sobre todo porque cuando tu chica te cambia nunca puedes decir “Pero si es prácticamente igual a mí. Podríamos ser clones”