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Quen Pompó

Humor para gente que piensa

El politiquillo nefasto

Aparte de la onda de las ONG, también últimamente me he metido en ondas de grilla, ahí nomás como quien no quiere la cosa. Como ustedes vieron, mis caminos han estado algo errados en estos últimos años, pero esto del humor por internet nomás no deja lana.

Hoy les vengo a platicar de un tipo particular de ente que repta en la política mexicana, por las cámaras de diputados y en los partidos, los gobiernos locales y los organismos desconcentrados. Yo suelo llamarlo Nefastófeles, una mezcla de “nefasto” y Mefistófeles (el diablo de Fausto), usado inicialmente en la novela Diablo Guardián. (Si no la has leído, ya es hora, es muy buena.)

El primer indicio de estar lidiando con un Nefastófeles es el cabello engominado. Muchos hombres lo usan así, pero en la política el cabello engominado junto con un peinado de Benito Juárez sólo puede augurar el sufrimiento de un pueblo. Este peinado revela de entrada un cuidado excesivo por la pulcritud y por mostrar una limpieza que sólo se tiene en el peinado.

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La primer señal

Otro elemento a considerar es la vestimenta. No debemos confundir la vestimenta formal, propia de todo caballero digno de respetarse, con la ropa que utilizan estos sujetos. En particular destaca la intención de vestirse más formal que el resto de la gente a su alrededor. Es decir, si sus compañeros y amigos se visten de traje, este individuo se vestirá formal (esmoquin y moño negro). En general, podrás verlo con ropa que es más propia de un administrador de un fondo de capital de riesgo que de la política.

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La segunda

Un peinado basado en el gel y una vestimenta que te coloca sobre los mortales no tienen nada de malo. De hecho, en Quen Pompó quisiéramos que la gente se vistiera así en lugar de usar rastas y peinados emo. Para poder llegar a ser Nefastófeles tienes que mezclar todo esto con el tercer elemento, una capacidad terrible de comportarte “políticamente”. Esto consiste en decir chistes malos (pero no ofensivos), soltar nombres a diestra y siniestra y fingir tener conocimiento de todo. Si te dicen que tal persona  trae tal proyecto, debes esforzarte por decir algo que:

  1. no te comprometa
  2. no revele tu postura moral
  3. buscas una falsa cercanía con tu interlocutor (que ni él ni tú se la creen)
  4. muestre cuán leído y viajado eres (aunque no sea cierto)
  5. muestre a cuántos personajes importantes conoces (aunque los hayas saludado una vez)

ArroganceYo quiero ya ser un reeeey…

Por ejemplo, si alguien te pregunta sobre el aborto, debes decir algo así (en paréntesis el uso de las reglas citadas arriba):

“Pues es un debate algo complicado (1), te confieso (3).  He pensado mucho acerca del asunto, y pues yo la verdad prefiero tomar una postura más Aristotélica (4). En esta época es algo difícil, pero tú y yo sabemos (3) que es el mejor camino. La otra vez platicaba con el Senador (5, no olvidar la Mayúscula) Labastida acerca del asunto y él consideraba que la discusión ha llegado a un impasse (4). Lo que sí es interesante, me parece es cómo lo están moviendo en la Asamblea (1), no sé si te enteraste cómo David Razú (5) operó el asunto.”

En resumen, Nefastófeles no dijo nada, te pasó la bolita, y si no respondes quedas en ridículo. Así se las gastan estos mequetrefes.

mac-users“ La otra vez platicaba con el Senador Beltrones cuán mejor soy yo que tú.”

Un rasgo esencial del comportamiento de nuestros Nefastófeles es el completo nalguiprontismo con alguien superior en la cadena alimenticia. Frases como “como usted me indique, Señor Diputado”, “Senador, perdóneme por interrumpir su deleitante comida”, o “no me dolerá Su Señoría, suelo hacerlo sin vaselina” son comunes en su vocabulario. Nefastófeles seguirá comportándose así, picando piedra, con cuanto superior esté encima hasta que en algún momento se encuentre a alguien que es como él, pero un nivel encima. Entonces, por compasión, recibirá un trato condescendiente y oportunidades de escalar peldaños políticos.

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Nuestro estimado Nefastófeles haciendo lo propio

No obstante, a veces los Nefastófeles suelen tener más habilidades de las que aparentan. En algunos casos dan un salto y llegan a más. Para ello, es crucial que este tipo de individuos desarrolle la herramienta más importante del arsenal del político mexicano, la lengua demagógica. Estar en contra de este tipo de sanguijuelas es, en la práctica, ser el demonio. Dudar de la efectividad, veracidad o aplicabilidad de lo que dicen es estar en contra de los pobres, el país o el pueblo. Cuando se te ocurre confrontar, en lugar de ir a una discusión civilizada donde impere la razón, un enjambre de bichos similares buscará llevarte al ostracismo.

¿Cómo hacerles frente?

Mi poca experiencia muestra que a esta gente se les tiene que llevar a planos donde salga a la luz lo poco que saben, lo endebles que son sus supuestas conexiones y recordarles lo muy abajo que están en la cadena alimenticia. Pero cuidado, a final de cuentas, son seres humanos y tienen sentimientos. Algunos pueden llegar a ser tus amigos, lo cual no está mal: todos necesitamos de alguien con quien compararnos para sentirnos mejor.

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