¿Por qué odio a la Condesa?

La Hipódromo Condesa es la colonia más errada de todo el Distrito Federal de México. Todo en ella me provoca repulsión y cuando por error (cosa que sucede muy seguido, debido a mi estado etílico promedio) me encuentro dentro de ella (o su hermana menor, la Roma Sur), me da urticaria y tengo que irme corriendo. Por supuesto, trato de no dejar las cosas así. Cada vez que paso por ahí pateo los botes de basura o grafiteo un muro.

El mexicano auténtico no vive en la Condesa. Hay opciones con más alma alrededor, como la Doctores o la Escandón, con más acción (o peligro, pero yo veo el vaso medio lleno), menos mamones y un precio accesible.

¿Pero por qué un buen hombre puede sentir tanto odio por una de las colonias más bonitas de la ciudad de México? Les explicaré:

1. Es un intento fallido de implantar el virus europeo en México

Ya antes la Revolución evitó que Porfirio Díaz afrancesara a México. Ahora tenemos a una caterva de hipsters montados en sus Ecobicis despotricando contra el tráfico y oponiéndose a todo lo que es bueno en la vida: supermercados, reguetón y comida rápida.

Su propósito solo puede entenderse como un espacio para que los fresas puedan sentirse chilangos antes de ir a Polanco a sentirse verdaderamente europeos. Asimismo, la Condesa permite revivir su estancia en el miniapartamento que tuvieron en París cuando vivían de lavar pisos.


“Perdón amigo mexican, yo no hablar español, yo ser francés de corazón”

2. Hay perros en todas partes

La Condesa se destaca por la tendencia de todo mundo a sacar a pasear a sus perros sofisticados. Akitas, Collies, San Bernardos, Chihuahuas tacita de té… el parque México siempre es una pasarela de perros que valen más que seis meses de mi sueldo. Además, refleja la contradicción de los fresas: ¿sabían que tener un perro contamina más que una camioneta? Pero según los habitantes de esta colonia, es un sacrificio que hay que tomar para dar una vida digna a un animalito en desgracia.

Perros feos, caros y mejor alimentados que yo. Los odio

3. Es un laberinto innavegable

Cualquiera que haya entrado con carro o en taxi a la Condesa me entenderá. Hay al menos dos calles circulares que son intersectadas por otras diagonales que se cruzan de formas irracionales y casi Lovecraftianas. Pero no sólo eso, a pesar de las constantes afirmaciones a favor de la movilidad no automovilística, esta colonia padece de los peores congestionamientos y falta de espacios de estacionamiento que se conocen en el Distrito Federal.

Vista aérea tomada con Google Earth

4. Está lleno de todo lo que considero deleznable en este mundo.

Feministas, ecologistas, ONGs, tiendas de productos orgánicos, y cerca de ahí, en la glorieta de Insurgentes, Emos. Peor tantito, es caldo de cultivo de la nueva tribu urbana, los hipsters.

Bienvenidos a la Condesa

5. Los pordioseros están a todo lo que dan.

La Condesa es la capital nacional del ruego. Desde las típicas viejitas hasta jovencillos que han tomado decisiones incorrectas y se dedican a la vida bohemia. (No es que esté en contra de este tipo de vida, sólo no quiero que me pidan dinero por escuchar su insufrible bossa nova o sus percusiones de bongo). El chiste es que no se puede estar cinco minutos conversando antes de que llegue alguien a pedir dinero por lástima (sí, también los cantantes callejeros).

He descubierto que el patrón para la mendicidad en la Condesa es el siguiente:

 

En fin, jóvenes. Manténganse lejos de la Condesa, no sea que se vayan a afresar demasiado y terminen sintiéndose como la Barbie Condechi.

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Acerca de Zeferino Gómez

Es escritor de tiempo completo en QuenPompó.com a cambio de un poco de pan y agua. Tiene estudios de primaria (trunca) y un diplomado en caligrafía gótica. Dedica la mayor parte de su tiempo a sacarse las uñas enterradas y ponderar sobre la conveniencia del monorriel.