Las cinco etapas del día burocrático

Querámoslo o no, este es un país de burócratas. Hecho por la burocracia, para la burocracia y entendido desde la burocracia. Nuestra educación y nuestra economía se diseñaron desde un vetusto pizarrón en unas oficinas sesenteras. Nuestra salud pasa por el escritorio de señoras con lentes ridículos y poco interés por su trabajo. Somos un país casi soviético.

De hecho, la mayor parte de mis amigos son burócratas de alguna oscura dependencia, por lo que corro el riesgo de que me rayen el carro después de leer esto. No obstante, mi eterno compromiso con la verdad hará que no haga caso a estos peligros con tal de contarles lo cierto.

He aprendido mucho acerca de los burócratas conviviendo tanto tiempo con ellos. He aprendido tanto, que he descifrado los patrones comunes a este grupo poblacional. Por ejemplo, he encontrado que todos siguen la misma rutina diaria, interrumpida por algunos momentos de trabajo:

1. El desayuno y lectura de “El Gráfico”

El burócrata buscará una fuente de información imparcial, aburrida y barata. Pocos periódicos logran este cometido. La Prensa se acerca mucho, pero es un periódico de albañiles y boleadores, algo debajo de la categoría del burócrata. El Metro también, pero es demasiado caro. El Universal y El Excélsior están fuera de rango: lo que queremos es perder el tiempo, no estar informados. La Jornada o Proceso a veces es conveniente del DF para el sur, pero sólo para impresionar a los jefes que fingen saber más de lucha social que tú.

Tu fuente segura

2. El cigarrito de media mañana

El trabajo es muy difícil, por lo que es necesario desestresarse de vez en cuando. Por ahí dicen que por cada 90 minutos de trabajo, es necesario descansar 10 minutos para lograr una máxima productividad. Pero tú y yo sabemos que podemos meter más descansitos para mejorar la productividad y enterarnos de los chismes de la mañana.

“Godínez… ¿por qué no está en su lugar?”

3. La torta o la comida corrida

El burócrata necesita mantener una imagen redondeada de alegre incompetencia. Tener la pinta de ligereza y efectividad es peligroso y puede terminar en un despido. Por ello, el burócrata debe alimentarse exclusivamente de carbohidratos y grasa. La forma más fácil y barata es la torta mexicana: grandes cúmulos de pan, mayonesa, salchichas, pierna de cerdo, etc. Pero también lo es la comida corrida, que más que una comida balanceada, es una cantidad sabrosa de mucha comida con mucho arroz, muchos frijoles, mucho aceite y muchas tortillas. El burócrata no perderá su forma.

Ya se me antojó

4. Fase catatónica

Tras una gran comida y una suma de un par de horas de trabajo efectivo, el cuerpo ya no da más. Otro cigarro ya sería excesivo y no tienes ganas de ir a caminar. Sólo queda seguir el camino de las coles y las alcachofas: vegetar.

¡Iiiira nomás!

5. El bar

Terminado el día laboral burocrático, lo que sigue es ir a echar una salseadita a uno de esos tugurios hechos expresamente para burócratas sobre el Eje Central o Calzada de Tlalpan. El ambiente es casi como de la oficina y la gente va expresamente a subsanar las carencias de afecto durante el pesado trabajo en la administración pública.

A descansar, que mañana será otro día

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Acerca de Carlos, tabernero