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Quen Pompó

Humor para gente que piensa

Un día de ONG

[A petición de una entidad no corpórea canalizada a través de su taza de café, Zeferino Gómez decidió empezar a escribir una columna semanal, más en una onda personal. Espera que los lectores la disfruten.]

Todavía no estoy muy seguro de por qué soy parte de una ONG si ya sé más o menos a qué le tiran en esas cosas. Puede ser porque las chavas de ONG están medio buenas, aunque sabemos muy bien que eso significa que no son muy inteligentes. Bueno, el caso es que ayer me vi arrastrado a una reunión donde ni fu ni fa. Es decir, ni buenas ni inteligentes. Suele suceder.

Pero cuando no… vale la pena.

Sucede que mi ONG, que se dedica a salvar perritos huérfanos y dar talleres varios andaba buscando “vincularse” con otra ONG que hacía más o menos lo mismo. Esto de la “vinculación” es una práctica común en las ONGs donde la gente piensa que sumando dos desmadres se puede lograr un orden.

El caso es que en la reunión aparte de mi, estaba mi compañera que llamaremos Entusiastia, un wey tomando café (al que llamaremos Nodoyuna), Girlpower (una fresona feminazi) y otra que no estaba prestando mucha atención, de nombre Tronchatoro. Yo estaba tratando de enfocarme en un par de quesadillas que había pedido para evitar toda conversación posible con los chicos ONG, mientras pensaba qué demonios hacía ahí.

La conversación iba más o menos de los perritos huérfanos que ellos han salvado y la necesidad de añadir talleres a sus acciones pro-humanidad. Curiosamente nosotros somos muy buenos haciendo talleres.

Pero entonces nos preguntaron: “¿Talleres de qué?” Yo no quería responder dado que ya nos estaban admirando… pero insistieron. “Bueno, de formación de empresas, de derechos humanos… y ahmm… de mujeres”, dije, como quien no quiere la cosa.

En la imagen: El sueño húmedo de muchas ONGeras

Y sucedió lo que pensé que iba a pasar: la neurona feminista de Girlpower (que generalmente interfiere con el resto de las otras diez neuronas) se vio excitada y empezaron a brillarle los ojitos. No habría argumento posible de lo inútil que es un taller de esta naturaleza y la falta de resultados mientras éste sea el tema más políticamente correcto. Nunca he estado contento con la idea de ir con mujeres indígenas, marginadas o de otra cultura y echarles en cara lo miserables que pensamos que son sus vidas sólo para sentirnos bien con nosotros mismos dado que nacimos en una situación privilegiada y no nos consideramos merecedores de ello. Entusiastia, viendo mi expresión de asco, tomó las riendas y habló de las maravillas de nuestro trabajo, mientras yo me hundía en mi asiento.

Rápidamente cambiamos de tema. Nodoyuna empezó a platicarnos de los proyectos que llevaban. Bastante estables, pero sin resultados aún, decía. Habían implementado unas cooperativas para invernaderos, pero parecían estar llenas de problemas debido a pleitos entre los participantes de . Le costaba mantener una cara entusiasta dado que las palabras que pronunciaba sólo lo estaban descalificando. Para ayudarle, dije: “No los culpo, las cooperativas nunca funcionan.” Y era cierto, en mi vida de pobretólogo no he visto un sólo caso de cooperativa que funcione. Pero era mala idea, dado que toqué otra sensibilidad de una de las diez neuronas de Girlpower.

“Pero… hay cooperativas que funcionan, ¿no?”, dijo severamente afectada por mi afirmación. “Por ejemplo, Pascual, la del Boing!”. A lo que respondí, “Pues sí, pero no por un caso exitoso vas a suponer que va a funcionar siempre… y más cuando prácticamente cada vez que se propone, fracasa. Todo el dinero que gasta el DIF y el INI en esas tonterías generalmente es dinero perdido. Si la responsabilidad está difusa, no hay quien resuelva los problemas y sencillamente se va por el retrete el asunto.” Nodoyuna estaba de acuerdo, pues él estudia negocios.

Así terminan generalmente las cooperativas…

Pero nunca he tenido la capacidad de subestimar lo suficiente al ser humano. Girlpower, visiblemente indignada ante mi discurso “tecnócrata neoliberal” contesta: “Pero lo que queremos crear es otra forma de producir.” Si wey, aparte de paternalista, quieres experimentar con la gente. Ya mejor me quedé callado.

Repito, esto de las ONGs requiere tener piel muy gruesa, porque hay cada individuo…

Comentarios

[…] me he metido en ondas politiqueras, ahí nomás como quien no quiere la cosa. Como ustedes vieron, mis caminos han estado algo errados en estos últimos años, pero esto del humor por internet […]

Zorro dice:

Tristemente, no se requiere tener la piel gruesa para ser parte de una ONG. Lo que se necesita es ser una de esas personas que tienen una conformación genética cerebral similar a la de Girlpower. No te confundas, Zeferino.

Saludos

PD. La mejor manera de ayudar al otro es generando incentivos ($$$) tanto para él como para el que lo pretende ayudar.

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