¿Por qué los europeos odian a los gringos?

De las ya varias entradas en este blog analizando la compleja relación entre Estados Unidos, Europa y los Mexicanos, ahora presentamos el resultado de una investigación que encontró las razones por las cuales los Europeos odian a los gringos.

1. Ellos tienen el Disneylandia de verdad

Aparte de las continuas huelgas de Mickey Mouse y Donald el Pato, Disneylandia París se distingue por su servicio al cliente francés (apenas mejor que el soviético), y te impiden vestirte de princesa. Disneylandia Europa es como tomar Big Cola, usar Simicondones o llamarte Jorge.

Así de emocionante es Euro Disney

2. No se limitan.

Los gringuitos comen todo lo que quieren, ven todo el porno que quieren y compran todo lo que quieren sin tener que limitarse y justificarse con un argumento de “buen gusto” o “responsabilidad social” para ocultar verdades como “pobreza” o “impuestos”. Sus arterias pueden estar llenas de grasa, y sus psiques destruidas por la décima repetición de Rápida y Furioso, pero nadie les quita el placer de haber terminado así por elección propia.

Esto es la libertad: Queso y tocino rodeados de pollo. Empanizado. Y frito.

3. Pueden invadir países a placer.

Los europeos viven en una eterna culpabilidad por haber cometido los crímenes más atroces de la humanidad (aunque a decir verdad, ni siquiera en eso son buenos, Mao y Pol Pot les ganaron con creces), pero una melancolía incurable por aquellos tiempos en los cuales tenían frascos de vitamina P (de poder). Ocultan su culpabilidad detrás de una hipócrita aspiración a la paz y el consenso internacional obtenido en eternas discusiones en organismos multilaterales. Probablemente debido a que no tienen otra opción.

Son como Bilbo Baggins

4. Aunque no lo acepten, los europeos envidian al cine gringo por sus efectos especiales y la coherencia de sus tramas.

El climax de una película europea: lavar los platos después de la comida

El cine europeo es parecido a un día lluvioso en casa de la tía solterona que tiene diecinueve gatos: nunca pasa nada y cuando termina el día sientes un vacío interior de desencanto y un malestar estomacal (causado por la comida con pelos de gato). Todo lo que pasó en ese día, incluso detener el estambre de la bufanda que ella está tejiendo, se perderá en el olvido. Pero el sentimiento de haber perdido tu tiempo y haber podido hacer CUALQUIER OTRA COSA, siempre te perseguirá. Es lo mismo con una película europea.

El cine gringo podrá ser tonto, simple, de humor vano e incluso repetitivo (se usa el mismo agrumento de una película docenas de veces en remakes, parodias y secuelas interminables). Pero es un cine con una historia establecida: principio, desarrollo y final. Durante la película ¡suceden cosas que tienen sentido! Los malos pierden y los buenos ganan. Si agregamos los efectos especiales, obtenemos películas que no necesitan IQ de parte del espectador para disfrutarlas. Al salir de la película te sientes bien contigo mismo y tienes ganas de comprar alguno de los productos anunciados en ella.

My precious… el Anillo es basura comparado contigo…

5. Gringolandia es el centro del mundo: ellos deciden qué es popular y qué es basura.

U2 sólo era conocido en su pueblo antes de tocar suelo gringo.
Einstein era un simple maestro de primaria antes de convertirse en Estados Unidos el fìsico más importante del siglo XX.
Los Beatles fueron conocidos mundialmente sólo después de salir en la televisión norteamericana.
Chaplin viajó a Estados Unidos porque en Iglaterra sólo hay ovejas gordas y gente con dientes feos.

Los europeos se preguntan: ¿por qué nuestra opinión no es respetada mundialmente y la de los gringos sí? La respuesta es simple: porque los europeos que se quedan en Europa sólo tienen la opción de morir en el olvido o sobresalir como un personaje nefasto de la historia: Hitler, Marx, Jack el Destripador, Musolinni, Berlusconi.

La grandeza

Entradas relacionadas:

Acerca de Zeferino Gómez

Es escritor de tiempo completo en QuenPompó.com a cambio de un poco de pan y agua. Tiene estudios de primaria (trunca) y un diplomado en caligrafía gótica. Dedica la mayor parte de su tiempo a sacarse las uñas enterradas y ponderar sobre la conveniencia del monorriel.