Como a Doña Licha le gustó el parqucito la semana pasada, nos jaló de la oreja para ir a uno que está por aquí porque “igual y comíamos algo que los paseantes nos arrojen” estábamos bien cansados y algunos medio crudos por el Tonayán. No queríamos, pero el Pachas nos acompañó. Así es que estuvimos un ratito en el solecito de verano.
El Pachas muy diligente después de unas cervezas en vía pública se dirigió a jugar ajedrez. De tres partidas ganó cuatro. Pero pronto se quedó sin oponentes y estuvo ahí sin que nadie le hiciera caso.
El Pachas, sin rival
El que si se nos perdió fue don chepe, pero lo agarramos en malas artes. Doña Licha le puso una, y el Pacchas le dijo pare desnaturalizado este día del padre. Ese hombre andaba fuera de control. Nostros tuvimos que hacerle cara a petición del Pachas.
Qué, qué Don Chepe
Por fin partímos a casa en el atardecer de este verano. Me preguntó que futuro espera a los escritores de Quen Pompó.
El bucólico regreso a casa




